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Acompañar en el dolor
Como acompañar a alguien que está pasando un duelo
El Tejedor de Senderos
Había una vez, en un valle rodeado de montañas, un lugar muy especial donde vivía Mateo. Mateo no era un viajero común; su oficio era el más silencioso y necesario de todo el pueblo: era el Acompañante del Duelo.
Cuando alguien en el valle sufría una gran pérdida, el dolor se instalaba en su pecho como una nube gris y espesa. Parecía que esa pena lo ocupaba todo: las casas, los días y hasta el aire que respiraban. Esas personas sentían que el suelo bajo sus pies desaparecía.
Es ahí donde entraba Mateo. Él nunca llegaba con prisa, ni con palabras mágicas que borraran la tristeza. Su método era mucho más sencillo: llegaba con tiempo.
Se sentaba junto a quien lo necesitaba, tomaba una silla y esperaba. Sabía perfectamente que el duelo no es una enfermedad que se cura, sino un camino que debe transitarse.
—Mateo, duele tanto que no puedo respirar —le dijo una mañana Clara, cuyos ojos estaban llenos de lágrimas tras perder a su compañero de vida.
Mateo la miró con ternura, extendió su mano y le dijo:
—Es normal que duela, Clara. Ese dolor es el tamaño del amor que vivieron. Yo estoy aquí para caminar este tramo contigo. No tienes que correr ni saber a dónde ir.
Mateo ayudaba a las personas a construir un mapa nuevo, un sendero propio. Juntos, encendían una pequeña fogata y preparaban un "refugio" para los días de lluvia y frío.
A veces, este acompañante se quedaba en silencio mientras la persona lloraba. Otras veces, invitaba a recordar. Escuchaba las mismas anécdotas una y otra vez, y ayudaba a acomodar los recuerdos en el corazón, como quien ordena un cuarto lleno de tesoros.
Cuando el camino se volvía empinado y Clara sentía miedo o culpa por sonreír de nuevo, Mateo le recordaba que el camino tiene curvas, atajos y días soleados. Que recordar con alegría no era olvidar, sino honrar lo vivido.
Con el paso de las estaciones, el trabajo de Mateo iba llegando a su fin. La nube gris no desaparecía por completo, pero se volvía más ligera y dejaba pasar la luz. Clara aprendió a caminar por sí misma, sabiendo que su compañero de vida ya no estaba a su lado, pero habitaba dentro de ella para siempre.
Y así, Mateo se despedía con una sonrisa y una reverencia, caminando de regreso a la entrada del valle. Siempre listo, con sus bolsillos llenos de paciencia, esperando pacientemente al siguiente viajero que necesitara una mano amiga para dar los primeros pasos en el camino de la vida.
Acompañar a un ser querido durante su proceso de duelo es una de las experiencias de mayor amor que puedas dar, requiere de estar de verdad con calidad, presencia, escucha, paciencia, respeto, validación. No significa que vayas a disminuir o quitar su dolor sino de caminar a su lado sin juzgar, ofreciendo apoyo práctico y constante.
Primero hay que entender cual es el proceso por el que la persona está pasando, el camino de una pérdida no tiene tiempo, no es lineal, se avanza, puede llegar a retroceder por momentos o fechas significativas y conlleva varias etapas, las cuales no llevan un orden especifico ni todas las personas pasan por todas, algunas si:
Como puedes ver durante cada etapa vienen emociones y sentimientos distintos, estos pueden ir y venir a lo largo del tiempo, habrá momentos en los que la persona prefiera estar solo y otros en los que necesite de apoyo:
- Expresa que te preocupa y hazle saber que estás ahí para escucharlo o acompañarlo y no solamente durante el funeral.
- Comprende el momento que está viviendo a través de la empatía
- Habrá momentos en que no sabes que decir y no tienes hacerlo. En ese momento puedes acompañar en silencio, con un abrazo.
- Evita decir lo que “debería” sentir o lo que “tendría” que hacer
- Necesita que validen sus emociones, decirle que lo que siente es normal y que esta bien sentirse así. Permite que llore, no digas “no lo dejas ir si sigues llorando”, es importante que saque sus emociones conforma las va teniendo.
- Durante la etapa de enojo puede llegar a gritar, desesperarse, no querer estar con alguien, dale su espacio y no tomes a personal sus reacciones
- Escucha: el hablar de lo sucedido o de la persona que perdió es importante para el proceso de aceptación, dale oportunidad de hacerlo sin decir “ya no pienses en eso”, simplemente escucha de forma activa sin interrupciones. Puede que tenga la necesidad de decirlo en varias ocasiones, no digas “ya me lo dijiste”, escucha y paciencia.
- Ofrece ayuda práctica: en ocasiones la persona no tiene la capacidad para hacer sus tareas diarias, hacer de comer, ir por los hijos, limpiar su casa, etc, No digas “si necesitas algo, avísame”, haz ofrecimientos específicos para que pueda sentirse acompañado y liberado de ciertas tareas. Si eres constante en el proceso la persona se sentirá con la confianza más adelante de solicitar tu apoyo.
- Ofrece salir a caminar con el por momentos, que tenga contacto con la naturaleza y con otras personas.
- En fechas significativas que puedan doler como aniversarios, día de las madres, día del padre, cumpleaños, fechas decembrinas, etc, hazle saber que recuerdas a su ser querido y que estás ahí para saber como se siente y acompañarlo en esa fecha.
- Si consideras que dentro del proceso de duelo los síntomas o emociones son demasiado fuertes para desempeñarse en su vida diaria, tiene tristeza o culpa extrema, descuida su higiene o imagen personal, hay abuso de alcohol o drogas, esta completamente aislado, habla sobre suicidio. Ofrécele buscar ayuda profesional.
- Pide que te diga expresamente lo que necesita, eso te ayudará mucho en el proceso sin tener que adivinar o sugerir cosas que en realidad no le van a ayudar.
Mientras acompañas a alguien en duelo es importante que también cuides de ti.
- No tienes que estar 24 horas disponible
- Haz actividades que te gusten, te distraigan y te relajen
- Habla con alguien de confianza sobre como te sientes
“Como Mateo, muchas veces acompañar significa simplemente quedarse, escuchar y ayudar a alguien a dar un paso más en medio de su dolor.”
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